
En su día fueron el símbolo de la pureza del linaje angelical de la familia Grigori y una muestra del predominio de su posición en la comunidad. Sanas, las alas de Percival eran fuertes y arqueadas como cimitarras doradas.
Desde hace diez años, Percival ha sido testigo del desarrollo gradual de una enfermedad que está consumiendo sus apéndices.
Los primeros síntomas fueron unas finas líneas de moho y un hongo verde fosforescente que se propagaba como el cardenillo sobre el cobre.